viernes, 29 de diciembre de 2017

LA MUERTE DE UN GEÓMETRA

La muerte de un Geómetra. Josep Mª Broch.


Cuando entré en la Escola Massana, me llamó la atención un compañero algo mayor que yo que vestía con unos colores muy bien escogidos y combinados. Unos tintes armónicos de vago recuerdo oriental que llevaba con distinción. Era activo y de paso firme,  parecía una persona ejecutiva, resolutiva como correspondía a su actividad constructiva, pero que desprendía, debido a esos colores, un vago aroma de incienso indú. Ese contraste me pareció fascinante.
No hay duda de que el destino juega con nosotros. Su última provocación ha sido que Josep Mª Broch , compañero entrañable y profesor de Geometría en la Massana, muriera y fuera enterrado el día de Noche Buena, 24 y Domingo. Ha tenido que ser en estas fechas tan señaladas por la historia para rememorar la vida, en estos días que celebramos el eterno retorno de la luz al mundo, el nacimiento de Dios o el Apolo pagano representado por el solsticio de Invierno. El destino ha querido honrar la muerte de un geómetra uniendo en circunferencia perfecta el nacimiento y la muerte. El dolor de la perdida y la alegría de la vida. El ciclo circunferencial, esta línea curva y perfecta  es la base de la esfera que contiene los infinitos polígonos y el símbolo más conocido del Eterno Retorno.

Un recuerdo: la patata.

Mi condición de joven profesor de historia del arte, me convertía ante sus ojos en un malabarista de ilusiones  y apariencias , para el geómetra ,el arte solo podía verificarse a través de la esencia de las formas puras, y pocas resistían ese rigor. Para más dificultad, yo hacía gala de mi condición neo-pos romántica y eso, ya me condenaba definitivamente a la hoguera de las apariencias estéticas pues, Josep Mª Broch frente al proceloso mundo del que yo procedía, ofrecía en sus clases el agua pura de la verdad y la ciencia de la caverna platónica y la filosofía pitagórica. Los alumnos durante generaciones han bebido de esa fuente. Broc sin “h” final es, en catalán, el caño de una fuente. La mejor palabra para nombrar a un geómetra.
Un poco “mosqueado”, de mosca, por mi irrelevancia ante tamaña posesión de la verdad, empezó a nacer en mi la necesidad de encontrar un pensamiento justificador de tanta imperfección, algo que limpiara mi culpa.  Y lo encontré.
La idea subversiva, la que salvaría mi honor ante Broch, me vino un día que estaba haciendo la siesta del telediario y así entre las brumas de Morfeo y babilla en los labios, escuché la sonora voz de Matías Prats diciendo:… los  estudios científicos han demostrado que la tierra tiene forma de patata.” Di un salto en mi sillón orejero y me puse a escribir de inmediato.
Así, al darme cuenta que lo irregular, lo que considerábamos feo e imperfecto, todo lo excepcional, las protuberancias podían ser las señales maravillosas de una nueva definición de la belleza. La esfera terrestre vista en otra dimensión, vista desde la proximidad es un relieve absolutamente irregular sería tan bella, como las protuberancias y salientes del rostro del bueno de Joseph Carey Merrick, también conocido como "El Hombre Elefante" en la película de David Lynch.

  ¿ Y si acaso el círculo y esfera que son la mejor representación de la perfección estética de la geometría euclidiana, el gran modelo que nos ha guiado durante siglos fueran formas falsas, inexistentes? ¿Cómo afectaría al conocimiento? ¿Dónde quedarían la perfección, la armonía, la simetría y en definitiva la idea de perfección estética que nos ha guiado durante siglos? ¿Dónde quedaría la belleza? Fue así como le presente mis dudas al entrañable compañero Broch  ¿cómo deberían ser sus clases bajo el prisma que yo le ofrecía? Nunca lo supe. Jesús Martínez Clarà.





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