lunes, 26 de febrero de 2018

PESCADOS  EN LA RED: AUTO-CENSURA Y REPRESIÓN.



                                          Gerhard Richter

                                                        Baader-Meinhof photographs (18 October 1977)
                                                        1989 51.7 cm x 66.7 cm Atlas Sheet: 472



Cuando en un lejano día de marzo de 2007 cree mi primer Blog. “Todo es muy Raro” tuve una sensación de comunicación indescriptible. Lancé mi primer mensaje en una botella virtual al mar de las redes y cuando recibí respuesta, tuve una emoción profunda, di saltos de alegría y sorpresa como el náufrago que ve en el horizonte el barco que lo viene a rescatar. Comunicación pura con una persona extraña que podía llegar a miles de visitantes en la red. Ahí me di cuenta de que el periodismo de papel estaba en problemas, tal como ha sido, y que la lectura de mis críticas de arte en la red podía ser aún más numerosas que aquellos que me leían en papel en La Vanguardia.
Desde ese momento todo ha ido muy rápido. Me doy cuenta de que la conexión es eficaz para comunicar hallazgos y trabajos nuevos y el mundo profesional de cada uno de nosotros, una ventana abierta a todos, pero también es absolutamente aniquilador en el sentido de las relaciones humanas interpersonales. Ahora estoy pensando en la posibilidad de desconectarme porque me doy cuenta de que el balance ideológico es muy negativo y no quiero participar de esa anestesia hecha de autocensuras y represión en la que nos encontramos.

La primera autocensura y represión que me impongo es sobre la extensión de mis reflexiones, de mis textos. Sé que, si me excedo en número de palabras, en 280 caracteres o tweets, nadie me va a leer. Los mensajes de los grandes presidentes de estado, esos que tienen nuestro destino en sus manos, los escriben de manera muy breve, sin argumentos, sin matices. La simplicidad va condicionando nuestra mente lectora y nuestra capacidad de pensar. Dentro de poco nos comunicaremos de una manera deficiente acabaremos escribiendo y hablando por monosílabos diciendo solo sí o no y en cualquier caso tan solo SI a todo. La falta de criterio y de reflexión es uno de los primeros efectos en el comportamiento y es muy grave.

El fenómeno de la red de comunicación me animó al principio a ejercer un primer filtro de autocensura y represión para mantener mi anonimato como autor de los posts y busqué un seudónimo, no me parecía adecuado mantener opiniones por las consecuencias que pudieran tener en mi entorno laboral y personal, con el tiempo ese prejuicio desapareció y, actualmente, firmo todas mis intervenciones.

Pero cuando se opina con nombre propio y se pública lo que uno piensa es muy pesado. Cada vez que en estos años he opinado de cuestiones políticas, especialmente sobre el “procés”, se creaba una beligerante toma y daca, la aparición siempre de los mismos opinadores que se oponían o polemizaban conmigo, la baja de “amigos” de uno u otro lado, las noticias falsas y eso es muy farragoso. Finalmente acabas autocensurando y reprimiendo cualquier opinión política.

Otro fenómeno que genera autocensura es cuando en el buscador de Google o en el texto del post aparecen palabras como bomba y explosión, se dice que en ese instante se pone en marcha un mecanismo de control por parte de agentes internacionales cuando escribes: explotó de júbilo o la fiesta fue “la bomba”.

Dicho sea de paso, muchos amigos, algunos serenos intelectuales o brillantes artistas de la libertad de expresión se mantenía absolutamente “paranoicos” con estos nuevos medios. Suponían que detrás de esa trampa internautica estaba la recurrente CIA controlando sus destinos o algún “mirón” que podría hacer mal uso de sus datos. Por mi parte, lo he considerado siempre un liberador de prejuicios y paranoias al ofrecer de un modo abierto sin censuras previas que cualquiera pueda acceder a mis opiniones, imágenes o acontecimientos biográficos. Por eso dejé de usar seudónimo.

Poco a poco, se ha ido liando la cosa. Actualmente vivimos una situación que si no la paramos creo que estamos creando un mundo lleno de miedos y represión. Sé que depende de mí compartir lo que escucho en Spotify , es una opción que esta plataforma me ofrece, pero no lo hago, para no parecer “ñoño” o anticuado cuando escucho a Dean Martin , marchas militares o sardanas el domingo por la mañana.




                                         Autofotografía de Alaitz Gómez

El otro gran censurador represivo y autocensurados en las redes es el sexual. Una amiga de Facebook lleva varias sanciones al suspenderle su Facebook por publicar unas fotos desnuda y en situaciones y posiciones muy sensuales y bellas. Pues bien, tan solo le he puesto algún tímido “like” y desde luego nunca la he compartido. Patético para alguien que ha vivido la revolución sexual desde los años setenta, unos años en los que considerar el cuerpo de la mujer como objeto de deseo no estaba amenazado de ninguna manera.
Pondré algunos ejemplos de autocensura y represión en este aspecto, por ejemplo, cuando en el buscador de Google busco la palabra “gorras” porque estoy buscando una para el verano, durante bastantes días, cada vez que coloco un tema nuevo en mi muro de Facebook, aparecen unos anuncios sobre gorras que no sé si tan solo las voy a ver solo yo o todo el mundo, y cuando me quito de encima esa duda, aparece otra nueva, cuando veo un anuncio en Facebook de que tal amigo o tal otro también está buscando gorras como yo.
 Llevado de esa sensación de que todo el mundo va a saber que estoy buscando una gorra, cuando por un “error” pongo en el buscador la palabra “guarra” aparece uno de los portales porno más poderoso e inmediatamente me surge la autocensura y la represión de mi curiosidad “antropológica”. Por un momento imagino a todas mis amigas de Facebook conociendo mis curiosidades escondidas.  Por si fuera poco, si inmediatamente a mi búsqueda de “guarras”, coloco la palabra Cospedal, me pueden caer dos años de prisión, porque alguien detrás de la pantalla va a entender que estoy diciendo que la ministra de Defensa es una guarra.





Por si fueran pocas las desgracias, esas amigas, todas de un feminismo absoluto, van a creer que no soy más que un ejemplo claro de machista hetero patriarcal causante de todas sus desgracias y pasaré a la condena de un «#MeToo» que arruinará para siempre mi vida.
Esas mismas amigas que por cierto se muestran recatadas y puras, sin ningún ejercicio de exhibicionismo, no vayan a ser ellas también, castigadas por el gran hermano y van y se visten de negro, aunque de momento no se cubren el rostro. Ese puritanismo creciente contrasta con la figura del gran patriarca de pelo panocha que se acompaña de una mujer guapa y joven de procedencia poco conocida (ya me estoy autocensurando) que no parece estar muy entusiasmada con su marido. También escucho a un experto en educación infantil, a propósito de la violación de un niño de nueve años, que las prácticas sexuales de los niños y niñas es cada vez más extrema y precoz.

 En definitiva, que el retroceso y progreso son categorías límite sin término medio, es evidente, que no proclamo una sociedad libertina, pero reconozco que los valores de comportamiento están cambiando en todo el mundo y que yo, ya entrado en años estoy más que desconcertado que en todo este tiempo vivido y lo encuentro Todo Muy Raro.


En ese blog del año 2007 decía: este Blog explora la rareza de la vida en sus diversos aspectos. Pero cuando alguien considera que “todo es muy raro”, lo más fácil y lógico es pensar que el raro es él. Que las cosas son como deben ser, como siempre han sido y que eso no debería extrañar a nadie. Aquel que se extraña ante lo que sucede no puede ser una persona normal, tranquila, serena, sino un pesimista que vive con la incomodidad del que no entiende nada. Al contrario, los que conocen la auténtica naturaleza de las cosas, saben lo que la vida es. Los sabios conocen el mundo sin salir de su casa no se extrañan de nada, quieren transmitir ese don, ser una guía para los perplejos para los que estamos presos de desorientación y de dudas. Para los sabios: nada es raro. Simplemente TODO ES.

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